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Mondoñedo año 1938....

Decía días atrás, que un estudio reciente realizado en la Universidad de la Coruña, concluía que, el 50% de las noticias que se difunden no son ciertas o contienen elementos que son mentira. Los medios de comunicación, en su generalidad, así lo reconocen algunos de sus  integrantes, al menos, no contrastan las noticias que les llegan dando pábulo a que cualquiera de nosotros podamos distorsionar la verdad o generar bulos. Todo vale para rellenar el papel, por eso cada vez son menos los lectores y bien podría decirse, que , estos medios se sostienen merced a las abundantes ayudas institucionales.

Ayer o antes de ayer, vi publicado un trabajo de un político de A Mariña, referido a, una parte, de la memoria histórica acaecida en Mondoñedo en el año 1938 . Escribir de historia es siempre complicado, porque la subjetividad se encadena; es decir, el primero que se refiere a hechos históricos, si no los ha vivido directamente, recibe información subjetiva de quien le proporciona la información, a la que suma la suya propia. Si además, existen un segundo, tercero o cuarto escritor, sus respectivas subjetividades van acumulándose sobre el relato de los hechos. Quizá al articulista en cuestión, le influyó muy determinantemente este proceso de subjetividad acumulativa, a la que habría que sumar  otros hechos influyentes en el resultado del escrito; por ejemplo, que se utilizare hechos históricos para hacer propaganda ideológica  ,en cuyo caso, la verdad, necesariamente por ser  una característica fundamental de la propaganda,  y si es de carácter político ,con más razón,  se vería muy perjudicada. En este caso ,al menos, por omisión

El tener años y una mente dispuesta al conocimiento,  reporta la ventaja de conocer parte de esa memoria histórica que alguna ideología, con diferentes presentaciones( Partidos) pretende usar para reactualizar el pretérito más escabroso de nuestro pasado  más próximo . Este es el caso. Vaya por delante que yo reprocho con contundencia la muerte de los tres vecinos de Mondoñedo que citaba el escrito. Hijos de alguno de ellos, yo conocí. Respecto a que el 1938, por estas muertes y  algunas represiones judiciales que citaba, fue un año negro para la Ciudad de Mondoñedo,  es evidente que sí lo fue, pero lo fueron también los tres o cuatro anteriores. Entre los represaliados judiciales que se citaban, resulta que me son muy conocidos y, en casos, mantuve relación muy cercana con ellos, por eso, puedo decir lo que expresaré a continuación, y lo que diga, solo contará con mi subjetividad, con ninguna otra.

Los dos abogados que citaba, sentenciados a pena de muerte, decía,  en plena guerra civil, los conocí desde que tengo uso de razón, allá por finales de los 40, trabajando en sus profesiones en Mondoñedo; es cierto que, uno de ellos, solo como abogado consultor, no comparecía en los juicios, desconozco si era por imposición coactiva, porque no quería reconocer esos instrumentos del nuevo Estado o, simplemente, porque no le daba la gana. En todo caso, digo que era una persona respetada aunque no se relacionaba socialmente ni con sus familiares. El otro ejerció con soltura su profesión,  y a mí me contrató para impartir alguna clase a uno de sus hijos. Los citados como mecánico y  ferretero, han desempeñado sus profesiones en la Ciudad con normalidad y sus familias, como las de los dos anteriores, han convivido socialmente sin que yo observase efecto colateral alguno. Otra de las personas citadas, cuya profesión no citaba al articulista, vecino mío y buen amigo de la casa, ejerció la profesión de menciñeiro  para animales, profesión ilegal, aunque fuere lícita. Destaco esto, porque es un buen indicio de que a partir de mi consciencia de los hechos, finales de los 40, disfrutaron de libertad, en caso del menciñeiro, incluso por encima de la ley, pues ejercía intrusismo en la profesión veterinaria, siendo más solicitado, incluso, que los propios veterinarios disponibles.

Hablar de las sentencias, extremas algunas, y no reconocer la libertad posterior que han disfrutado y el acogimiento que la Sociedad mindoniense les dispensó, como a cualquier otro vecino, es distorsionar la historia  y, como, presuntamente, se hace para favorecer una ideología  regenerando, nuevamente, odio, es una especia de canallada.



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